
Hay remedio para la orfandad
11 de junio de 2025
Introducción del libro El Río de la Adopción
23 de julio de 2025Todo comenzó desde nuestra infancia. Cuando yo era niña, recuerdo que (por algún motivo que hasta ahora empiezo a comprender) me dije a mí misma: «cuando sea grande adoptaré niños». Recuerdo que a la época yo participaba activamente en la infancia misionera en la iglesia tradicional y veía la necesidad de los niños huérfanos que visitábamos.
Mientras tanto, quien ahora es mi esposo desde niño siempre quiso formar una familia con hijos, ya que tenía como ejemplo a sus padrinos quienes, teniendo cuatro hijos biológicos, adoptaron seis más por la vía de la adopción, estos seis de diferentes nacionalidades, y fueron muy muy felices.
Recuerdo que mi esposo y yo antes de casarnos, durante la etapa de amistad especial, Dios nos dijo el número y nombres de nuestros hijos, sorprendiéndonos que eran los mismos y no lo sabíamos sino tiempo después que hablamos de ello.
Ya de casados, Dios me dio un sueño profético: me encontraba frente a una habitación de maternidad en un hospital donde había una mujer embarazada, se encontraba acostada en la camilla y al verme se bajó de esta para darme a mí el lugar y luego me vi yo misma embarazada. Comprendí que el Señor confirmaba su promesa de hacerme mamá.
Por otra parte, el Señor le hablaba a mi esposo todo el tiempo de paternidad y que lo haría ser padre.
Sinceramente, y hasta este momento de la historia, con todo esto, no habíamos entendido el mensaje que Dios nos quería transmitir, aunque nuestro anhelo de ser padres crecía cada día y nuestras oraciones también.
No estábamos seguros de la forma en que Dios quería hacernos padres, no es que no lo hubiéramos contemplado porque para nosotros la adopción no ha sido la última opción, sino que nos faltaba esa Rhema de Dios.
Solo fue hasta que escuchamos la predicación del pastor Marcelo Figueroa durante la convención internacional en Bogotá 2025, en la cual hablaba de su revelación por la cual escribió su libro “El río de la adopción”, que recibimos la convicción en nuestro espíritu de que era el momento de lanzarnos este año y dejarnos llevar por las aguas de este río de la adopción.
Así que comenzamos a averiguar. Al principio no fue fácil saber por dónde debíamos empezar, no nos daban informaciones claras de qué hacer para inscribirnos a adopciones, lloramos, nos desilusionamos llamando a muchas oficinas en Colombia, mi país de origen, sin tener respuesta alguna sobre el proceso que debíamos realizar ya que residimos en las Antillas Francesas, pero a pesar de todo esto, no abandonamos. Entonces oramos, dijimos: «Señor te entregamos nuestra carga y si esta idea viene de ti abre tú la puerta para inscribirnos a la adopción».
En esa misma semana, al intentar otra vez inscribirnos en la página web del Instituto de Bienestar Familiar de Colombia, nos apareció un aviso que nos direccionaba mejor y al mismo tiempo un email del mismo instituto donde nos decía a qué organización francesa con sede en Colombia acudir.
Entonces llamamos y fue muy grato escuchar de la persona encargada de estos asuntos decir: «Tranquilos, han dado con el organismo oficial y con la persona encargada, les diré todo lo que deben hacer para inscribirse a la adopción desde el exterior, y no se preocupen, su bebé les saldrá rápido». Recuerdo estas palabras, a lo cual dijimos: «¡Amén!».
Para nosotros esto fue la señal de que Dios está en este asunto y que ha puesto unción de aceleración en este proceso.
En Francia, si quieres adoptar debes tener un aval o permiso del gobierno para iniciar el proceso en el país que quieras adoptar tu hijo, y para tener este permiso se deben cumplir con ciertas formalidades y etapas, entre las que tenemos reuniones informativas, recopilación y envío de documentación requerida por el servicio de adopciones francés, presentar entrevistas psicológicas en pareja e individuales, tener visitas a tu casa por parte del servicio social que determinen que tu hogar cumpla con los estándares requeridos que garanticen la seguridad física de tu nuevo hijo.
Esto me hace pensar en lo que el pastor Marcelo nos habla en su libro *El río de la adopción*, recordando lo que nos relata la Biblia de cómo los padres de Moisés prepararon la arquilla donde colocaron al bebé para que estuviera seguro y para que esta no se hundiera en el río Nilo.
Es así que, como futuros padres, estamos preparando el nido y como dicen en Francia: «Poquito a poquito el pajarito hace su nido».
Si lees este blog, de seguro Dios quiere decirte algo especial respecto a la adopción. Tal vez no te has decidido, con nuestro testimonio te motivamos no solo a escuchar la voz de Dios, sino que puedas escuchar las voces de los niños huérfanos que anhelan un hogar y qué mejor que un hogar donde el centro es el Señor Dios nuestro.
De algo estoy segura, Dios es todopoderoso para cumplir sus promesas. De la manera en que lo haga no debe ser nuestra preocupación, y más cuando hemos decidido entregar nuestra vida a Cristo, porque Él es soberano.
Y sabemos que «nosotros (tú y yo) y nuestra casa (nuestros hijos), serviremos a Jehová: ¡El Señor!».
Ánimo,
Briag y Doris, desde las Antillas Francesas.

